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miércoles, 6 de abril de 2016

Itálica


Aprovechando una de las visitas en Semana Santa o en Feria a Sevilla o sin ninguna otra excusa os recomiendo una parada de gran interés que es por pocos conocida y sin duda alguna merece la pena. En Santiponce (Sevilla), se encuentra un lugar donde podemos disfrutar de toda una ciudad romana, Itálica, cuya datación se enmarca entre el 206 a.C. y el S.XII, cuando se cree que puedo ser abandonada. Se trata de una ciudad de gran importancia donde no sólo se destaca su valor artístico o arquitectónico, pues una de los mayores atractivos es su historia ya que cabe destacar entre otros muchos datos el nacimiento de tres grandes emperadores Trajano, Adriano y Teodosio en esta ciudad, Itálica. Pese a su fama, gloria e historia esta ciudad sufrió innumerables expolios a lo largo de los años, como cantera de materiales desde la época árabe e incluso hasta periodos de la ilustración. Aunque sus destrozos no quedan ahí pues hasta en 1740 se destruyó parte del muro del anfiteatro para construir un dique e incluso en 1796 aún se volaron zonas de la primitiva vetus urbspara construir el nuevo Camino Real de Extremadura. En 1873 los expolios continuaban siendo vandálicos. Por Real Orden de 13 de diciembre de 1912 Itálica fue declarada Monumento Nacional, pero no sería hasta el de 9 de enero de 2001, cuando se nombra claramente la zona arqueológica de Itálica y los ámbitos de su protección efectiva y se continúa la protección con técnicas científicas de última generación.


          
  Son muy numerosos los distintos espacio que se conservan en este maravilloso lugar, desde el teatro y el anfiteatro romano hasta las termas mayores y menores que nos indican la importancia y grandeza de esta ciudad que contaba con numerosas construcciones para el pueblo y afluencia de público. Entre otros elementos dignos de admiración que recoge este conjunto arqueológico podemos destacar el edificio del mosaico de Neptuno o la casa planetario. Por supuesto también poseía un magnífico amurallamiento que llegó a comprender las 50 hectáreas en distintas épocas. Otro espacio muy singular datado de época de Adriano es la conocida como casa de los pájaros, una lujosa estancia dedicada a la nobleza y equipada con grandes detalles y cuidados que han llegado hasta nuestros días. Un sistema de cisternas en el subsuelo y pozos para extracción de agua, así como mosaicos que cubren los suelos de varias estancias.
Este esplendido conjunto arqueológico es digno de ser conocido por todo el mundo y por ello quiero destacar la gran labor de conservación y restauración que se ha realizado y se debe seguir realizando. Sin un mantenimiento ni interés el tiempo puede borrar la huella de la historia. En este enlace se nos muestran algunas de las intervenciones realizadas (http://www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/CAI/index.jsp?redirect=S2_3_4.jsp).    


Una pieza muy llamativa que podemos encontrar es la lápida votiva con la representación de unos pies, posiblemente de uno de los lugares de culto como el "Nemeseum" del Anfiteatro o el "Iseum" del Teatro. En estas lápidas solía inscribirse el nombre a quién se dirige y el del Dios al que se dedica, en este caso concreto a la Diosa de la venganza o de la justicia.
Firmado; José A. Marqués


lunes, 28 de marzo de 2016

La Quimera de Arezzo y el coleccionismo del primer gran duque de Toscana



La región que hoy conocemos como la Toscana, fue la cuna de la civilización etrusca, conocida como Etruria. Su historia abarca desde del siglo VIII hasta el III a.C., siglo en el cual sucumbieron ante el poderío creciente de Roma.

Destacar que pese a la gran inventiva de los autores romanos para conformar una mítica fundación de la ciudad eterna, la arqueología nos revela que Roma comenzó siendo un asentamiento etrusco en la región del Lacio, donde los primeros reyes fueron etruscos hasta la implantación de la República romana.

Las fuentes sitúan a los etruscos como un pueblo autóctono de la península itálica, el cual consiguió una gran importancia gracias a la explotación y control del comercio del metal en el Mediterráneo, esto les hizo entrar en contacto con otros pueblos de los cuales se influenciaron a la hora de desarrollar su arte (puntualizar que los pueblos antiguos no entendían el arte como lo entendemos hoy, eran objetos fabricados para un fin).

Una de las esculturas más célebres del arte etrusco es la Quimera de Arezzo. Se trata de un bronce a la cera perdida, que representa a un monstruo perteneciente a la mitología griega (mitología asimilada por etruscos y romanos), la cual contaba con tres cabezas, una de león, otra de serpiente y la tercera de cabra. Su mito está ligado al del héroe Belerofonte, el cual a lomos de su caballo alado Pegaso consiguió vencer al monstruo.

Quimera de Arezzo, Museo Arqueológico de Florencia.

Son numerosos los autores antiguos que hacen referencia a este ser mitológico, por lo que existen versiones diferentes. En esta versión etrusca observamos a una agresiva Quimera, con cuerpo y cabeza de león, cola de serpiente y con un prótomo de cabra emergiendo de un lateral del torso del felino.La escultura posiblemente represente el momento de la lucha con Belerofonte, ya que la Quimera se encuentra herida, fruto de una primera acometida del héroe. Por este motivo se cree que formaría parte de un conjunto escultórico, junto a Belerofonte a lomos de Pegaso, pero estas esculturas no aparecieron. Otra hipótesis la sitúa como guardiana de alguna tumba etrusca; a decir verdad, la  arqueología no ha conseguido desvelar cuál fue su función en el contexto de su creación, en el siglo IV a.C.

Detalle, la serpiente mordiendo un cuerno de la cabra.
La escultura se encontró sin la cola de serpiente, esta es fruto de una restauración del siglo XVIII y es por esto probablemente,por lo que erróneamente la serpiente muerde el cuerno de la cabra en vez de mostrar una actitud agresiva ante el inminente ataque de Belerofonte.

Fue a mediados del siglo XVI cuando se encontró la escultura en la ciudad de Arezzo (la antigua Arretium etrusca), en el año 1553, mientras se llevaban a cabo unas obras en la muralla de la ciudad. En ese momento la Toscana se había convertido en un gran ducado gobernado por Cosme I de Medici, el cual reclamó para su colección la escultura encontrada, llevándosela a Florencia, donde la colocó en su residencia, el Palazzo Vecchio.

Los Medici, desde su fundador Cosimo de Medici “el viejo” (1389-1464), primero en emplear la palabra Museo para definir su colección, fue una familia que destacó por su mecenazgo y afán de coleccionismo de objetos artísticos. Esto fue heredado por Cosme I (1519-1574), el cual siguió aumentando las colecciones de su familia, poniendo especial interés en el arte etrusco, ya que era un arte propio de la Toscona, empleándolo como medio para reivindicar su arte respecto a Roma.

Fue Cosme I de Medici quien encargo en 1559 a Giorgio Vasari la construcción del edificio de los Uffizi en la ciudad de Florencia, considerado como el primer edificio proyectado para ser un museo (1560-1580). Una vez concluido el edificio se instalaron allí las colecciones de la familia Medici. La Quimera fue una de las piezas que se trasladó al nuevo edificio, donde residió hasta que en 1870 fue llevada al recién inaugurado Museo Arqueologico de Florencia, donde hoy continúa.
Francesco I de Medici (1541-1587), fue el que decidió plantear la galería como exposición al público. Visitada por primera vez por un selecto grupo en 1582. No fue hasta 1769 cuando la Galería Ufizzi  abrió sus puertas oficialmente al público.


Bibliografía


BONFANTE, L., SWDDLING, J., GINBERG ALMIRÓN, M.(Traduc) El pasado legendario. Mitos Etruscos.Madrid,akal,2009.
ELVIRA BARBA, M. A. Arte y mito. Manual de iconografía clásica.Madrid,Silex Arte,2013.
ELVIRA BARBA, M. A., BLANCO FREIJEIRO, A. Etruria y Roma republicana.Madrid,Historia 16,1999.
JIMENEZ, A. Las claves del  arte etrusco y romano.Barcelona,Planeta,1991.

ROMERO GARCÍA, E. Breve historia de los Medici.Madrid,Nowtilus,2015.


Fdo.: Nerea Barquin Arbeiza 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los Relieves y Esculturas que encontramos en el templo funerario de Mentuhotep II: Así como otras esculturas de su reinado.

La grandeza del plano de Mentuhotep, que sufrió una serie de alteraciones durante el curso de su reinado, también puede haber estado influido por lo que sus artesanos y él vieron al norte. Hay una nueva extensión en el tratamiento de los relieves del deambulatorio en torno a la base de la pirámide o altar de techo plano, mientras que el tema del rey como esfinge o grifo hollando a sus enemigos se derivó de un templo de una pirámide del Reino Antiguo.

El tipo de relieve de las épocas anteriores al reinado de Mentuhotep continuó en su reinado con relieves con superficies muy redondeadas y un modelado de tratamiento amplio los escultores lo usaron en los santuarios de Denderan  y en un monumento de Gebelein. También se va a encontrar en los santuarios de las damas de la casa en la parte posterior del templo de Mentuhotep. Como parte de la primera construcción acometida en Deir el-Bahari. Después se acoplaran al muro entre el deambulatorio y el patio.

Relieves de estilo similar aparecen en la capilla de la Reina principal de Mentuhotep, Neferu, que fue otra de las primeras obras del reinado. Estaban esculpidos en la mampostería que recubría una cámara excavada en la roca, situada sobre la cripta de enterramiento pintada. Los fragmentos destrozados pueden unirse en parte para formar una procesión de damas dándose la mano que se encontraban en uno de los muros. Las figuras son muy altas y delgadas, desproporcionadamente largas de los pies a la cintura.

Relieves de la capilla de la Reina Neferu en Deir el Bahari.
En las decoraciones de los sarcófagos de piedra procedentes del templo de Deir el-Bahari  existen variaciones en estilo y factura. Los huecorrelieves de los ataúdes de Kawit y Aashayt se parecen a los de la capilla de Neferu y Jeti. La escena del tocado esculpida en huecorrelieve sobre el ataúd de Kawit muestra, al igual que en los relieves pronunciados, una concentración de detalles, muy exigentes, en algunas partes mientras que en otras se dejan con las superficies planas y lisas. Los rostros tratados con rigor son una muestra de épocas anteriores, al igual que las extremidades alargadas y esbeltas, se acentúan las ventanas de la nariz y los labios, mientras que el ojo rasgado se vuelve hacia el lacrimal. El equilibrado diseño de los dedos de la sirvienta, mientras trenza el cabello levantado por un alfiler, y la exageración similar de la mano con la que la dama sostiene un cuenco con leche muestran cuanto ha penetrado el espíritu precedente en el Alto Egipto.

Los escultores que debieron de trabajar en el reinado de Mentuhotep dieron amplitud al estilo en los delicados relieves del deambulatorio, en torno a la pirámide o altar plano y los pórticos inferiores del templo de Deir el-Bahari. Por desgracia estas escenas que mostraban, un ave del Nilo, una caza en el desierto, actividades en la tierra del pantano y una vivida representación de una batalla, se han roto en fragmentos tan pequeños que las composiciones no pueden restaurarse y su posición mural es incierta. Difieren en estilo de los huecorrelieves de arenisca del patios situado en la parte posterior del templo y las figuras con un dibujo en altorrelieve más estricto sobre los muros de la mampara de piedra caliza del altar colocado en la sala columnada de detrás. Muestran amplias masas de bajorrelieve con líneas muy amplias y menor recurso al detalle nimio. Este estilo se refleja en las pinturas y relieves de la tumba de Dagi, un Visir de Mentuhotep II.

También decir que en el templo funerario de Deir el-Bahari encontramos una escultura sedente totalmente, la estatua de Mentuhotep II, que apareció completamente envuelta en cinta, porque  se había efectuado un ritual sobre ella y por eso mismo adquiere un sentido especial que va más allá del sentido figurativo.
Estatua Sedente de Mentuhotep II.

El faraón aparece sentado, y vestido con el traje del jubileo, un manto corto del que apenas asoman sus manos cerradas, lleva la corona roja del Delta y se encuentra pesadamente sentado sobre un trono cúbico. Los colores conservados le dan a la estatua una mayor vivacidad (no en un sentido naturalista). También aquí, las formas cerradas y la armonía de sus diferentes partes, podrían hacer pensar en una influencia de los modelos menfitas, pero, sin embargo, el tono ha cambiado: el análisis de la anatomía del rostro y del cuerpo manifiesta que se ha querido insistir en el peso físico, dejando de lado el contrapunto intelectual a favor de la observación puntual de la realidad que marca y anima las obras menfitas.


Este mismo peso y esta misma magnificencia se vuelven a manifestar en otro conjunto de imágenes del faraón (Mentuhotep), que aparece de pie, ataviado con el mismo vestido, que decoraban la avenida de acceso al conjunto funerario.

Bibliografía: 

- GRIMAL, N. Historia del Antiguo Egipto, Akal, Madrid 2004. 
- MÁLEK, J. Y BAINES, J. Egipto: dioses, templos y faraones, Ediciones Folio, barcelona, 2000.

- STIVENSON SMITH S. Arte y Arquitectura del Antiguo Egipto, Cátedra, Madrid, 1998. 

Firmado: Diego Alfageme Laín.

lunes, 21 de marzo de 2016

El santuario de Yazilikaya, culmen del arte hitita.



En el altiplano central de la península de Anatolia se encuentra este santuario al aire libre. Fue obra de una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, aunque suele ser injustamente olvidada, la civilización hitita. Su historia abarca casi por completo el II milenio a. C., protagonizando un  proceso de ascenso, esplendor y decadencia en un periodo de tiempo relativamente breve.

Daremos unas pequeñas pinceladas acerca de la historia hitita. En los albores del II milenio a.C., una serie de pueblos indoeuropeos llegaron a la península de Anatolia, mezclándose con la población indígena que habitaba la región. A esta zona se la conocía históricamente como “país de hatti” (aparecen mencionados en la Biblia). Esta unión de pueblos forjó una civilización que fue evolucionando y expandiéndose  a lo largo del II milenio. Se marca la ciudad de Kussara como primera ciudad hitita, desde la cual el primer rey hitita, Anitta, consiguió dominar otras ciudades cercanas, principalmente la ciudad de Nesa. El principal enemigo de éstas era la ciudad de Hatti, la que posteriormente se convertiría en la gran capital del Imperio Hitita, en tiempos del rey Hattusili I (1650-1620), pasando a llamarse Hattusa. 

Asentados en la mitad oriental de la península, dirigieron su expansión hacia el sur, lo que provocó que entraran en conflicto con los poderes de primer orden del momento, como Asiria y Babilonia, consiguiendo someterlos. Siendo capaces también de frenar el inmenso poderío del Egipto faraónico, en los tiempos de Ramsés II.

Mapa de la región del Creciente Fertil a comienzo del s.XIII a.C.
                                          

Conformaron una civilización original, sin poseer una gran unidad interna, sin caer en el absolutismo monárquico y sin ejercer una excesiva opresión a su población (a diferencia de los grandes imperios de la época). También mostraron gran capacidad de asimilación de las creencias religiosas de los pueblos sobre los que iban imponiendo su dominio, lo que les llevo a recibir el nombre de “el país de los mil dioses”. La mentalidad hitita muestra una intrínseca flexibilidad frente a la dureza mesopotámica o egipcia.

Una vez desaparecida esta civilización, a manos de los llamados Pueblos del Mar (aunque sigue habiendo dudas de como ocurrió esto), ha sido ignorada por la historiografía. No fue hasta que un historiador y arqueólogo francés de principios del siglo XIX, Charles Texier encontró por error la ciudad de Hattusa y el santuario de Yazilikaya, hacia el año 1834, cuando se comenzó a prestar atención a la aparición de una civilización desconocida. Seria a finales del siglo XIX cuando se profundizaría en el estudio del mundo hitita.

Hablemos del gran santuario rupestre de Yazilikaya.  Localizado a escasos 2 km de la capital hitita, Hattusa, estaba comunicado con ésta por una larga vía procesional. Se encuentra en una zona donde grandes formaciones rocosas hacen las veces de altas paredes que conforman una serie de estrechos pasillos. En estas rocas se encuentran esculpidos bajorrelieves.  Adosados a estos pasillos  se situaban una serie de construcciones de las cuales únicamente conservamos los cimientos.


Vista general del santuario
Uno de los pasillos principales
Está documentado que Yazilikaya cumplió las funciones de centro ceremonial desde los inicios del mundo hitita, pero fue hacia mediados del siglo XIII a.C., entre 1275 y 1220 a.C., cuando se realizaron los relieves monumentales con las representaciones de diversas divinidades del extensísimo panteón hitita. Esta obra fue comenzada por iniciativa del monarca Hattusili III (1275-1250 a.C.) y continuada por su hijo Tudhaliya IV (1250-1220); este último es el principal protagonista de los relieves del santuario, por lo que se dedujo que su esplendor llegó bajo su gobierno.

Los relieves rupestres nos muestran una colección única de representaciones de las divinidades masculinas y femeninas del panteón hitita, y de monarcas relevantes. Son 63 dioses los representados, una pequeña muestra de los “mil dioses” que tenía el panteón hitita.
Destacaremos por su conservación un relieve que muestra lo que se ha interpretado como una procesión de doce dioses armados. Representados de perfil (como marcan los cánones del arte hitita), los cuales  portan una espada de hoja curva y sobre sus cabezas llevan un gorro cónico dentado (a más dientes, más relevancia del dios).

Doce dioses hititas
                                
En un lugar estratégicamente escogido, dentro de estas galerías naturales se encuentra uno de los bajorrelieves que representan al monarca Tudhaliya IV, el más grande de la galería principal, éste porta en su mano izquierda el báculo de mando rematado en curva, que era un símbolo de soberanía. Destacamos otro relieve en el que aparece Tudhaliya IV abrazado por el dios Sharruma.

Tudhaliya IV con el báculo de mando.  
El dios Sharruma abraza a Tudhaliya IV
                                               
Las excavaciones llevadas a cabo por los arqueólogos han revelado restos de cuerpos  incinerados en el santuario, lo que llevo a plantear la hipótesis de que se tratara de un recinto funerario destinado para la realeza hitita. En cualquier caso se trata de un lugar donde la religión y el arte hitita consiguieron una exquisita fusión con la naturaleza, donde la compleja geografía anatólica juega un papel fundamental.



Bibliografía


BLANCO FREIJEIRO, A., BERNABÉ, A., BENDALA, M. Los Hititas. Madrid: Grupo 16, D.L., 1985.
GÓMEZ LÓPEZ, C. El arte en el Próximo Oriente antiguo . Madrid: JC, D.L., 2006.
GONZÁLEZ SALAZAR, J.M. Rituales hititas : entre la magia y el culto. Madrid: Akal, D.L., 2009.
GURNEY, O.R., Herranz, A.(Traduc.). Los hititas. Barcelona: LAERTES, 1995.



Fdo.: Nerea Barquín Arbeiza